viernes, 9 de enero de 2026

Mientras que

Mientras el mundo se derrumbaba, veíamos El cuento de la criada.

Mientras Estados Unidos entraba a la fuerza en Venezuela, se llevaba a un dictador y lo reemplazaba con otro, alguien escuchaba un audiolibro de título: Crónicas Marcianas.

Mientras el orden impuesto después de la Segunda Guerra Mundial se deshacía, una chica leía 1984 en su diminuto apartamento de París, debajo de un edredón.

Mientras se empezaba a detener a las primeras personas en Estados Unidos por el color de su piel, una pareja se abrazaba en un sofá después de un largo día. Él ponía el mando en alto y pulsaba el botón que le daba acceso directo a Netflix. Después de buscar durante un rato, decidían poner un capítulo de Black Mirror




Mientras Europa veía como un agente de la ICE mataba en Minneapolis a una poeta de 37 años. Madre de tres hijos. 

Ciudadana norteamericana. 

Borned and raised. 

Blanca. 

Casada. 

En ese momento de profesión: ama de casa, 

Un camionero de 45 años. Padre de dos hijos. 

Ciudadano estadounidense. 

Borned and raised.

Blanco.

Divorciado.

Gritaba en Texas: Make America Great Again. 





Mientras el presidente de Estados Unidos salía en una rueda de prensa afirmando que el agente del ICE que disparó, sólo seguía órdenes.

¡Terroristas!—. Decía esa voz nasal de timbre áspero mientras se colocaba la bolsa de orina que llevaba pegada a la pierna al mismo tiempo.

Mientras que alguien deslizaba por los pasillos de una MORGUE en una camilla a Reneé Nicole Good ¡Qué ironía de apellido!—. poeta de 37 años. Madre de tres hijos. 

Ciudadana norteamericana. 

Borned and raised. 

Blanca.

Casada. 

En ese momento de profesión: ama de casa.

Asesinada,

Yo buscaba aquella cita de Gramsci que decía “El viejo mundo se muere y el nuevo está por llegar, y en ese claroscuro surgen los monstruos”.







viernes, 26 de diciembre de 2025

Reflexiones de un año que acaba y otro que comienza


Yo quepo en el mundo

Y el mundo cabe en mí

Yo ocupo el mundo

Y el mundo me ocupa a mí

Yo quepo en un haiku

Y un haiku ocupa un país

Un país cabe en una astilla

Una astilla ocupa la galaxia entera

La galaxia entera cabe en una gota de saliva

Una gota de saliva ocupa la 5a avenida

La 5a avenida cabe en un piercing

Un piercing ocupa una pirámide

Y una pirámide cabe en un vaso de leche

Y un vaso de leche ocupa un ejército

Y un ejército cabe metido en una pelota de golf

Y una pelota de golf ocupa el Titanic

El Titanic cabe en un pintalabios

Un pintalabios ocupa el cielo

El cielo es la espina

Una espina ocupa un continente

Y un continente no cabe en Él

Pero Él cabe en mi pecho

Y mi pecho ocupa su amor

Y en su amor me quiero perder

La Yugular. Rosalía.



Qué difícil es contener un momento en la memoria.

Cuando surge un recuerdo informe y parece que a través de destellos de luz y colores vas a llegar a desentrañar la claridad de la escena pasada pero el cerebro te confunde. ¿Fue real? ¿Pasó? 

En navidades siempre me ocurre esto. Soy mayor como para no reconocer el patrón. Se me agolpan imágenes de la infancia que contrastan con las de ahora. A veces me entristece pensar en aquellos días: Las navidades por todo lo alto. Diez, quince, veinte personas en mi casa. El pavo de mi madre. 

Pero también sonrío a veces. ¡Como querría mi madre a su nieta! Esa Pato que, como su abuela, se abre paso en la vida segura. Poniendo un pie detrás de otro con firmeza. Pisa, Patricia, que el mundo te espera. Y qué suerte pensar que ella vaya a experimentar todo por primera vez. El milagro de creer que somos todos los que hemos sido, los que son y los que serán, es que aunque tú te vayas, el resto queda y el resto es el futuro.

Otras personas que reirán, abrazarán, besarán con pasión. Se enamorarán y se les romperá el corazón en mil pedazos. Subirán a una montaña rusa y experimentarán el vacío en el estómago, que es un poco como el vértigo antes de entrar en una primera reunión de trabajo o presentar un manuscrito a un agente literario. Como decirle a alguien que le quieres sin saber cual será la respuesta o una ruptura en una amistad. Hablar sabiendo que será la última vez que lo hagas.

Todo está bien y al mismo tiempo el mundo se desmorona. Busco a veces ritos a los que agarrarme y al mismo tiempo se me resbalan en el tiempo. Solo en una Iglesia se me para el tiempo, ya sea en una religiosa o laica. Solo ahí se me para la eternidad y me embeleso con todos aquellos que vinieron antes y dejaron estas obras por lo que fuera, o quienes fueran. Debo ser una neoclásica anacrónica. 



Así que yo elijo quedarme en los destellos. En el abrazo de dos cuerpos desnudos, en el beso de una sobrina, en el gesto de amor de una hermana, en las carcajadas con una amiga porque yo sólo tengo una regla clara y es que abrazo lo que viene y lo que me trae la vida, sin forzarlo, sin pedir de más, como se quiere a los gatos. Así quiero yo.

Que cualquiera que esté en mi vida, elija volver a mí. Esa es la verdadera libertad. 

Se nos caen los símbolos y se destrozan al caer en mil pequeños fragmentos que llaman a la desesperanza y a la anarquía y yo pienso que todos hemos pensado igual. Desde el hombre de las cavernas hasta el tiempo que nos define hoy a través de esas horribles figuras de autoridad que juegan con el mundo como si de una pelota se tratase. 

Todo esto será nada. Y me costará retener la imagen en mi memoria, como siempre que siento que vivo de verdad. 




viernes, 31 de octubre de 2025

Vosotros me miráis, yo os miro.

Haj regő rejtem
Hová, hová rejtsem...
Hol volt, hol nem: kint-e vagy bent?
Régi rege, haj mit jelent,
Urak, asszonyságok?
Ím szólal az ének.
Ti néztek, én nézlek.
Szemünk pillás függönye fent:
Hol a színpad: kint-e vagy bent,
Urak, asszonyságok?
Keserves és boldog nevezetes dolgok,
az világ kint haddal tele,
de nem abba halunk bele,
urak, asszonyságok.
Nézzük egymást, nézzük, regénket regéljük.
Ki tudhatja, honnan hozzuk?
Hallgatjuk és csodálkozzuk,
Urak, asszonyságok.

Texto del prólogo de El Castillo de Barbazul 


En el ballet pantomima El Mandarín maravilloso y la ópera El castillo de Barbazul, las dos de un acto, las dos de Béla Bartók, aparece al comienzo de cada una un poeta solo en escena. Éste recita unos versos en húngaro a modo de prólogo. El poeta se pregunta dónde está el escenario, si dentro o fuera. Habla del refugio del espectáculo en tiempos de guerra y como estos, en realidad son lo mismo. Todo es espectáculo. Sólo que uno es una ensoñación y el otro el lugar donde vivimos nuestras vidas. ¿Por qué no entonces perderse un poco en una fantasía, bajar los párpados y dejarse ir?




Producen una sensación de desasosiego sus dos obras. Quizás más El Mandarín maravilloso que el Castillo de Barbazul. La primera fue escrita en 1917. Supongo que sólo reflejaba el sentir del compositor justo al final de la primera guerra mundial. Aquella en la que no quedó nada de las ciudades, ni del futuro de su país, Hungría. Más tarde en octubre de 1940, Bartók y su esposa, Ditta Pásztory, dejarán su patria para instalarse en Nueva York. Allí permanecerá hasta su muerte en 1945 sólo cinco años después. Fue la guerra el motivo, por supuesto. Quizás ayudó la impotencia de ver la destrucción de su mundo por segunda vez. O quizás que Hitler intentará instrumentalizar su obra llena de folklore popular, como panfletada nazi. Ya lo hizo con Strauss antes. 




Casi al final de Barbazul compuesta en 1911, Judit ha llegado a la habitación en la que hay un lago blanco y yerto que resulta ser de lágrimas. Primero piensa que pertenecen a su nuevo y rico esposo. Más tarde acaba comprendiendo que son las lágrimas de las tres esposas anteriores de su marido. Pero eso no lo verá hasta el final. Hasta que todo esté perdido. Antes descubre un hermoso jardín en otra estancia cerrada, pero sus narcisos gigantes están mojados de sangre, así como las coronas y joyas de la habitación de los tesoros. Todavía hay misterio, pero no verdad.

Al llegar a la última puerta, descubre a sus tres predecesoras. Las esconde Barbazul en la última de las siete habitaciones cerradas bajo llave. Esas que le enriquecieron a través de generosas dotes a cambio de un sueño que se tornaría en pesadilla. En la última escena, Barbazul explica a su cuarta esposa a la que conoció al anochecer, que la primera llegó a su vida una mañana, la segunda al mediodía y la tercera por la tarde con la llegada del ocaso. Es entonces cuando Judit conoce sus destinos y por ende el suyo: Acabar en esa habitación. El de su marido será estar solo de nuevo y para siempre, en un bucle infinito.




Antonio Gramsci, pensador y político italiano dijo que cuando el viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer, en ese claroscuro surgen los monstruos. Bartók murió sabiendo que la segunda guerra mundial había acabado. Sin embargo, sufría por saber que su tierra había sido devastada por segunda vez. Así que en este año, en este momento de la historia que vivimos y en mitad de la ópera, cerré los ojos y apareció. Era la primera frase de la la reescritura de la primera novela que he escrito. Sonreí en la oscuridad y agradecí a Bartók haber compuesto aquello. Como el poeta, pensé: Todo es espectáculo, sólo que uno es una ensoñación y el otro el lugar donde vivimos nuestras vidas. ¿Por qué no entonces perderse un poco en una fantasía, bajar los párpados y dejarse ir?





viernes, 3 de octubre de 2025

Magnolia

Te conozco.

Sé por ejemplo, que entiendes el concepto del amor a través de una canción de Ivan Ferreiro.

También que haces más deporte del que deberías, para dormir bien.

Y aún así, no lo haces.

Me has contado episodios de tu infancia y de tu juventud.

tu abuelo.

Y de tu vida al otro lado del océano.

Sé el gesto que te cruza la cara cuando algo te preocupa.

que eres ante todo, leal

y que mientes poco.

Por lo menos en lo importante.

Te conozco

Pero quiero conocerte más

porque todavía no me canso

de descubrirte.


A estas alturas, debería saber que el amor no es lo mío. Que a mí no me ha tocado en la lotería de la vida. Pero ¿Cómo renunciar a saberse amado? ¿Cómo renunciar a querer?

En la película de Paul Thomas Anderson, Magnolia, Donnie Smith, aquel niño genio que ha quedado en su etapa adulta para vender televisores en una tienda de electrónica de un suburbio de una ciudad cualquiera en Estados Unidos, dice que tiene mucho amor que dar. Que tiene tanto, que no sabe donde ponerlo. Esa vez (la segunda en la película), lo dice con la boca destrozada, llena de sangre. Lo masculla, más que decirlo. Se rompe los dientes por los que se endeudó buscando conseguir el amor que tanto ansiaba.

Pero da igual que Donnie se ponga una dentadura nueva. Cuando el objeto de su deseo, le ve borracho y patético, Donnie ya no sabe que hacer con todo ese amor. Se ve a si mismo como lo que es: un niño roto que nunca será querido. 

Por qué aún así, a pesar de todo, Donnie lo sigue intentando. Como el guerrero que vencido, sigue levantando la espada, porque es eso o la muerte. Es que es el amor o la muerte. No hay más. Es esa pulsión de seguir buscando aún sabiendo que es imposible, lo que nos hace humanos. 

Es esa pulsión por volver a un destello de momento, en el que siendo abrazados por el objeto de nuestro deseo, soñamos con quedarnos a vivir allí. 

Y yo me pregunto si la ilusión del amor, es mejor que no tener amor. ¿Es mejor sentirse amado a medias que no sentirse amado?



sábado, 13 de septiembre de 2025

Septiembre.. diciembre.

Ando haciendo arqueología de mi juventud.

En mis diarios, escritos todos en papel antes de 2007 y a partir de ahí, aquí. En esta bitácora que es este lugar que flota en el tiempo y en el espacio y que nadie lee. A veces pienso que esta es mi propia manera de lanzar un mensaje al mar en una botella. 



Algo que me ha sorprendido de mis diarios ha sido leer sobre escribir. Y aquí la memoria juega un papel decisivo y es el de haberme hecho olvidar que yo siempre quise hacerlo.

Tenía la idea formada de que en mi juventud siempre quise ser pintora y cuando voy sobre lo escrito, lo que me encuentro es algo totalmente diferente: Dibujo. Dibujo mucho, pero dibujo para ilustrar mis palabras, creando florituras que favorecen el mensaje escrito. 




Estoy empapándome del Madrid de 2004 y 2025 mientras vuelvo a a rutina. El Madrid de los atentados de Atocha, el futuro brillante de un país en crecimiento, el incendio del Windsor, los intelectuales siendo todavía misteriosos, sin redes sociales. 

Ese es el Madrid del que yo quiero hablar. De aquel que recorría con aquellas babuchas que no me quité en meses. El del Paseo del Prado y su pequeño estanque rectangular, con aquel árbol deformado que ya no está y donde dije una vez que me casaría. 




Después de Italia comienzo el curso. Para mi el año siempre comienza en septiembre. 

Y sueño con viajar a Socotra y con alargar algo este otoño cálido. 

Y seguir impasible en mis labores mundanas y continuar construyendo este mundo; Los santos de la belleza; que estoy segura que me va a traer momentos únicos. 

Porque cuando más disfruto no es cuando soy reconocida, sino cuando me meto en la vorágine de las teclas y una detrás de otra van formando la historia que quiero contar. 


Ahora en septiembre, empieza la rutina y los paseos y las tardes de chaqueta y las hojas que caen. Como el ánimo, que se vuelve más contenido y se echa a dormir hasta que la primavera le despierte. 

Pero yo tengo un secreto. Me he convertido en una chica de veintiún años en un Madrid que todavía no entiende y del que quiere escapar. Estoy viviendo otras vidas y me alegra, tener tantas. 

Así que septiembre, dará paso a diciembre sin que hayamos pestañeado y yo seguiré viviendo allí, en 2004, consiguiendo arrebatarle tiempo al tiempo.




jueves, 28 de agosto de 2025

El purgatorio de Asís.


Llevo ya un par de días

Despidiéndome de Asís. 

Es un luto previo,

a mis días de soledad,

a los paseos de música,

y a los descubrimientos fortuitos.

Me despedí ayer de las bóvedas,

salpicadas de estrellas doradas,

de la Basílica del santo.

De sus frescos llenos de vírgenes y dorados,

De sus marcas de lápiz,

que me sorprenden, 

desde el futuro.

Dicen que la basílica inferior,

representa el purgatorio,

Yo me quedaría a vivir allí,

bajo sus bóvedas azules intensas,

y sus estrellas,

y su silencio.



Para mi han sido días de recogimiento, d
e solitud y creación. Me estoy preparando para la batalla que lidiaré con mi vida a la vuelta.

El desencanto con la cultura, la alienación elegida y al mismo tiempo rechazada. Quizás por eso ya me despido. Porque después de tantos años, ya sé como lidiar con lo que se va.

Se fue tanto de mi vida y al mismo tiempo, tanto nuevo llegó. Las tardes seguirán cayendo y la luz seguirá bañándome, sea en Asís o en Madrid, porque al final lo importante, es el mundo que yo poseo. 

Y en el recuerdo quedarán, como cuando paseaba las calles del Valais de Suiza, o los caminos de tierra del Serengeti, impresas las sensaciones. Solo las sensaciones, porque las imágenes las borra el tiempo y la memoria y solo quedan olores, sonidos, que cada vez que ocurren, abren un hueco en el espacio tiempo y me vuelven a llevar allí. 






domingo, 24 de agosto de 2025

Napoli vedi e muori

 

"Certo che è enorme la vita. ti ci perdi dappertutto"

"Claro. La vida es enorme. Te pierdes en todas partes"

Louis-Ferdinand Céline




Dijo Goethe: Vedi Napoli, poi muori (Ver Nápoles y morir) 

La sirena Parthenope no pudo hechizar a Ulises con su canto. Se arrojó al mar a morir y la marea arrastró su cuerpo sin vida hasta la orilla. Allí donde se fundó la ciudad más antigua de Italia: Partenope o lo que es lo mismo, Nápoles. 

Nápoles es Partenope y Partenope es Nápoles.

Nápoles es como el cine de Sorrentino. Excesivamente bella, nostálgica, triste, desilusionada y la vez, llena de vida, de contradicciones, de paganismo y cultos mezclados. Peligrosa y difícil. 

De bella, inalcanzable. Inabarcable.


La ciudad cristiana y católica se construye a través de las ruinas griegas y romanas muy cerca de las faldas del Monte Vesubio y el volcán que sumió en la eternidad a las ciudades de Pompeya y Herculano. 

La herencia borbónica la hace enorme y ancha a través de su Palacio Real y su ópera y crea barrios como el Quartieri Spagnoli, un laberinto de callejones estrechos lleno de balcones con ropa tendida. Un muro que hace honor al gran santo de la ciudad, Maradona. 

El olor a pasta, limones frescos y hornos llenos de pizzas, se mezclan con los belenes napolitanos de la parte antigua de la ciudad, en los que de repente doblas una esquina y te encuentras con el Duomo y sus paredes recubiertas de una intervención de JR o con las siete obras de la misericordia de Caravaggio en Pio Monte della Misericordia. Por supuesto Michelangelo tuvo que huir una vez más. Como ya hizo en Roma, después de una trifulca en la que mató en duelo a Ranuccio Tomassoni.


*Ciro Pipoli.

Y esa luz que se refleja en el mar que no es de plata sino de oro con piedras de colores incrustadas, como el tesoro de San Genaro con el que Parthenope se viste para el Cardenal Tesorone.

Nápoles es Valentina vistiendo una camisa de su padre, bajando las escaleras que dan a una roca de toba volcánica napolitana de color ocre, porosa como la ciudad y mil veces excavada. 

Es la brisa de la noche en el puerto viejo, en el que se acumulan millones de pasos dados por viajeros antes que yo. Los descubridores de Pompeya, arqueólogos humanistas del siglo que aún pertenecía al hombre, antes de las grandes guerras que terminaron de matar a dios.

Yo ahora solo tengo una religión y es la cultura y la sapiencia de que lo efímero y por lo tanto, la belleza que reside en ella, es parte de su definición.

Muchos otros han andado sus calles y muchos otros vendrán después de mi. 

Tengo la impresión, de que yo ya sé lo que es la antropología. O por lo menos, mi visión de la misma. Yo he visto Nápoles y por lo tanto, ya puedo morir.